Una Retrospectiva del Cine Club
 
 
     
 

En 1975, Cinema 16, cineclub del Departamento de Ciencias de la Comunicación del Tecnológico de Monterrey, inició su primera gran temporada. Ese mismo año, "El Padrino II" de Francis Ford Coppola ganaba el Oscar de Mejor Película y el de Mejor Director. También, en ese año, el público empezaba a prestar atención a un joven cineasta que estrenaba una cinta cuyo personaje protagónico era una mesera. Su título fue "Alicia ya no vive aquí" y el crédito de director pertenecía a Martin Scorsese.

Es probable que esos filmes hayan sido las primeras películas para adultos vistas por el entonces preadolescente Quentin Tarantino. Hitchcock recién completaba su penúltima cinta y Chaplin se acercaba a completar una década de retiro.

Esa era la época en que nacía la carrera de Ciencias de la Comunicación, que si ya de por sí era considerada como un campo de estudio extraño, el hecho de que contemplara al cine como parte de la formación académica era algo que a muchos resultaba inusitado.

Estudiar cine era un desplante exótico para unos; otros, más intolerantes, lo calificaban como una total pérdida de tiempo.

Hoy en día, el cine se ha transformado en un reconocido e importante campo de estudio académico. Hoy en día, resulta más fácil entrar a la Escuela de Negocios de Harvard que ingresar a una de las respetables escuelas de cinematografía. Hoy en día, el cine continúa siendo aún, la mejor herramienta para contar historias.

Sin embargo, en la época previa al Monterrey de 1975, los esfuerzos de diversos cinéfilos se traducían en algunas joyas del celuloide que alcanzaban llegar a la localidad. El Tecnológico de Monterrey ya era entonces receptivo a una programación fílmica alternativa y en su cineclub de aquel entonces se proyectó el reestreno de una película de la que muchos críticos mexicanos habían hablado durante años pero que no conocían, "El Ciudadano Kane".

Sin embargo, la naciente carrera profesional que abría sus puertas, necesitaba el apoyo de un programa fílmico que sirviera para llenar los huecos de cintas clásicas desconocidas en la ciudad. En ese contexto, enfocados a apoyar el proceso educativo de las primeras generaciones de comunicadores, surgió Cinema 16.

Poco a poco, en la ciudad se corrió la voz que el Tec pasaba películas y así, extendimos nuestra presencia hacia la comunidad. Y a 24 cuadros por segundo pasó el tiempo para llegar a cumplir dos décadas que convierten a Cinema en el cineclub con mayor permanencia ininterrumpida en Monterrey.

El logro no se ha dado sin esfuerzo, por lo que es importante reconocer la labor que a lo largo de este tiempo han tenido diversas personas cuyo común denominador es un amor, que como en las películas francesas raya en lo obsesivo: el amor por el séptimo arte.

Ellos son, y conste que el orden del reparto es alfabético y no por aparición, nombres como los de Jorge Alvarez, David de la Fuente, Roberto Escamilla, Jorge García Murillo, Juan Manuel Gómez, Cesar González, Patricio López Guzmán, Maximiliano Maza, José Quintanilla, Horacio Silva, Amado Treviño, Jorge Villegas, Giancarlo Von Nacher y David Zambrano.

Y la lista de reconocimientos, debe incluir también a las docenas de alumnos de la carrera de Ciencias de la Comunicación que, generación tras generación, han colaborado desinteresadamente en el funcionamiento operativo de los ciclos.

También, en el renglón de los agradecimientos es importante citar a empresas e instituciones como "Películas Internacionales", la Filmoteca UNAM, la Cineteca Nacional, Televisa, el Centro Cultural Alemán, la Alianza Francesa la Secretaría de Educación Pública y The National Film Board of Canada. Su colaboración facilitó el préstamo de materiales valiosos para la programación.

También, quisiera citar a algunas de las personalidades que con su presencia dieron apoyo a nuestros eventos: la actriz Helena Rojo, el director y productor Gustavo Alatriste, el realizador Arturo Ripstein y el crítico cinematográfico Jorge Ayala Blanco, entre otros.

Y fueron las buenas relaciones de Cinema 16 con los miembros de la industria las que en 1977 facilitaron que una empresa televisiva nos hiciera llegar, en préstamo confidencial, una cinta que a la vuelta de los meses llegaría a las pantallas mexicanas. De ese modo, el grupo de fieles espectadores de Cinema 16 asistieron aquí mismo a un informal e inesperado pre-estreno nacional del éxito mundial y clásico de su género: "La guerra de las galaxias".

Hace ya más de 100 años el cine nace y se convierte en la más jovial de las artes, con una frescura que todavía preserva. Y ya que ninguno de nosotros estuvimos presentes en los primeros 100 años de la invención de la rueda, o en el primer centenario del barco de vapor, les propongo que consideremos la posibilidad de ser testigos de ese transitar de las películas hacia su segundo centenario como uno de esos extraños y emocionantes privilegios que nos concede la existencia.

Participar en este proceso será un modo de devolverle al cine todo lo que nos ha obsequiado: sonrisas, carcajadas, lágrimas y suspiros... Nos ha llevado a galaxias que los científicos apenas imaginan; nos ha mostrado territorios que estuvieron vedados a los ojos de nuestros antepasados; nos ha obligado a explorar recónditas regiones de nuestro inconsciente, enseñándonos la importancia de entusiasmarnos y multiplicar nuestra curiosidad.

Nos regaló posiciones para observar la realidad, permitiendo fuésemos testigos de la crueldad de la historia, así como la grandeza y miseria del ser humano.
Nos recordó el valor, de quienes han ayudado a forjar lo que llamamos pasado y, principalmente, cada vez que se apagan las luces en una sala, nos recuerda que todavía tenemos la posibilidad de soñar.

Jesús Torres, Fundador y coordinador de Cinema 16

  Jesús Torres
  Sala Cinema 16
 
     
 
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