El Ojo de Buñuel
 
 
     
 

Buñuel: El gran subversivo

por José Quintanilla
 
Publicado originalmente en la sección Vida del periódico "El Norte" © Derechos reservados - Prohibida su reproducción
 
"La imaginación es nuestro primer privilegio. Inexplicable como el azar que la provoca."
Luis Buñuel (1900-1983)
 
 A la hora de enumerar los grandes cineastas, éste español que el próximo martes 22 de febrero cumpliría 100 años es un obligado de la lista.

Su caso es curioso, puesto que la mayor parte de su obra la realizó en México, aunque su legado fílmico también enriquece las cinematografías de España y Francia.
 
Este mes de junio, el Festival de Cine de Huesca, tan aragonés como el mismo Buñuel, se prepara para sonoramente festejar el aniversario de este español universal. No reparará en celebraciones y convocará a quienes participaron con él en la aventura de hacer cine.
 
Su vida, sus amigos, sus enemigos, sus éxitos y fracasos, así como las películas que llegaron al celuloide o que se quedaron en el papel, son pequeños puntos de referencias que revelan y engañan, casi a la par, sobre la personalidad de un talento probado.
 
Su cine, sorprendente y sorpresivo, contiene tan contundente vigor visual, que cada espectador guarda nítidas imágenes de instantes precisos de las películas donde se sobrecargan sus motivos, sus delirios, sus preocupaciones y travesuras.
 
Meterse en las honduras de definirlo es una tarea compleja precisamente por la sencillez buñueliana con la que aborda tanto lo inusual como lo cotidiano, en personajes, situaciones, acciones y incluso no-acciones que representan, a veces con crueldad realista y otras con ácido humor, los perversos rincones del alma humana.
 
A los 17 años, época de novias y los primeros brindis, llega a Madrid para albergarse en la Residencia de Estudiantes y matricularse como alumno de la carrera de ingeniero agrónomo, buscando mejor futuro que el de su padre ferretero. Y aunque esos estudios no prosperaron, la etapa le sirvió para cruzar amistades con Salvador Dalí, Federico García Lorca, Rafael Alberti y Pedro Garfias, entre otros que descollarían unos cuantos años después.
 
Sus intereses del momento fueron la gimnasia, el boxeo, el teatro, el cine cómico norteamericano, las ciencias naturales, la historia, Fritz Lang y fundar el primer cineclub de los alrededores.
 
Sus desvelos y correrías nocturnas no impiden que a los 24 años se gradue en Filosofía y Letras, y unos meses después, gracias a una conferencia de Louis Aragón, quedará infectado "mortalmente" por el nuevo virus que incubado en la pintura y literatura saldrá a inocular el resto de las artes: el surrealismo.
 
Por sus venas corría la inspiración colectiva, el pescar entre sueños, donde todo, como la vida, es inútil y sin pretensiones, como Tristan Tzara afirmaba que la vida debía ser.
 
En esa efervescencia, no es de extrañar que se confabulara con su amigo Dalí para proceder a crear una cinta que marca un punto importante en el movimiento y en el cine: "El perro andaluz" (1929).
 
Le siguen "La edad de oro" (1931) y la estancia en Hollywood, donde frecuenta a Dolores del Río, Charlie Chaplin y Serguei Eisenstein, a quien admira por "El acorazado Potemkin".
 
Sus patrones de la Metro Goldwyn Mayer lo despiden a cajas destempladas por no aceptar supervisar la pronunciación en castellano de la actriz Lily Damita, cuya fama le vino por haberse casado con Errol Flynn.

Se muda de nuevo a España a supervisar el doblaje de películas de la Paramount y la Warner. Simpatiza por la causa comunista y la republicana, mientras filma una película que pone los nervios de punta a los oficialistas conservadores: "Las hurdes".
 
Con los vaivenes de la Guerra Civil, de Francia pasa a Nueva York, trabaja para el Museo de Arte Moderno y la Fundación Rockefeller y se anima a solicitar la ciudadanía norteamericana.
 
La publicación poco oportuna de "La vida secreta de Salvador Dalí" revela su pasado de "provocador intelectual", mal visto para los yanquis, por lo que pierde empleo y un poco los ánimos.
 
Después de una escala poco afortunada en la Meca del Cine, en 1946 llega a México y dirige "Gran Casino", igualmente grande como fracaso a pesar del galán protagónico: Jorge Negrete.
 
Para 1949 ya es ciudadano mexicano y un cineasta que filma casi al hilo "El Gran Calavera" (con los Soler), que le trae un triunfo lo suficientemente bueno como para lograr filmar "Los olvidados".
 
La cinta sale de la cartelera del D.F. a los pocos días, ante el horror de una sociedad que negaba lo que ocurría más allá de las grandes avenidas de la urbe. En cambio, el Festival de Cannes de 1951 se rinde ante el poder de la cinta y no se toca el corazón para premiarle como Mejor Director. El jurado de ese año lo presidía el mítico André Maurois y compitió frente a Vitorio de Sica, Joseph Mankiewickz, George Stevens, Michael Power y Preston Sturges, entre otros afamados cineastas.
 
Con los años, llegan otras cintas y otros premios, mientras en México perfeccionaba su técnica como cineasta y se inmiscuía más y más en los entresijos que atormentan la psique de sus congéneres.
 
Revitalizado por la Palma de Oro para "Viridiana" (1961), Francia lo llama de nuevo y emprende una etapa llena de provocación y genialidad que reafirma su talento.
 
La religión, el sexo, la burguesía, lo establecido, la hipocresía, el racionalismo, la locura, los celos, las pasiones, las debilidades de la carne y del espíritu, los sueños, los deseos, la fe endeble o ausente, la ambición, el fetichismo y la soledad están presentes una y otra vez, con diferentes matices, con diferentes acentos, en contrastantes contextos y con aguda mirada.
 
Su cine reniega de la "ceguera" de los ojos abiertos y encuentra caminos para andar y desandar la oscuridad, para otros insondable, de la compleja personalidad de seres que procedían, de la literatura, del teatro, de la realidad o simplemente de su imaginación.

Lleno él mismo de paradojas, no negaba en afirmar que hubiera preferido ser escritor a cineasta. Aseguraba que lo que a un escritor le tomaba dos minutos, a él le llevaba dos horas. Sus colaboradores guionistas lo confirman.
 
Igualmente, no tenía afición por ir al cine. Si iba era por ver sólo la película de un amigo.
 
André Bretón le decía, con pesar: "Es triste, mi querido Luis; pero el escándalo ya no existe".
 
Sin embargo, Buñuel se aseguró que en sus historias quedará sembrada esa irreductible simiente que cuando encuentra un espectador aventurado, florece con imaginación el espíritu de cuestionar la llamada realidad y a quienes la detentan, de rebelarse ante las ataduras y volar con las ahora tan desplumadas alas de libertad.
 
Se habrán acabado los escándalos del surrealismo, la militancia como cambio y no como búsqueda de poder, se habrán agotado los manantiales que bebieron otras generaciones más aguerridas o tal vez más soñadoras, pero el cine de Buñuel sigue vigente con ese aire que puede dejar helado y sin embargo abriga la esperanza en su modo acaso pesimista.

Y el que quiera beber del caudal del último subversivo, le dará a su sed el gusto fuerte y amargo, a veces dulzón pero nunca empalagoso, del siempre inolvidable Luis Buñuel.
 
Sus actores

Paco Rabal, Fernando Rey, Catherine Denueve, Michel Piccoli, Jeanne Moreau, Silvia Pinal, María Félix, Gérard Philippe, Simone Signoret, Lucía Bosé, Jorge Negrete, Fernando Soler, Roberto Cobo, Alfonso Mejía, Estela Inda, Arturo de Córdova, Luis Beristáin, Andrea Palma, Pedro Arméndariz, Katy Jurado, Rosita Quintana, Lilia Prado, Fernando Soto "Mantequilla·", Ernesto Alonso, Miroslava, Rita Macedo, Marga López, Ignacio López Tarso, Enrique Rambal, Claudio Brook, Carole Bouquet, Angela Molina.
 
Para leer
"Mi último suspiro"
Autobiografía llena de anécdotas, humor y el lado práctico del cineasta.
 
"Prohibido asomarse al interior"
Conversaciones del cineasta con José de la Colina y Tomás Pérez Turrent, donde aborda detalles y curiosidades de sus obsesiones y sus rodajes.
 
"Memorias de una mujer sin piano"
Cándida y amorosa autobiografía de Jeanne, su esposa, quien con paciencia le aguantaba su mal genio y le toleraba sus desplantes de "hombre de la casa".
 
Para ver

Cinema 16, cineclub del Depto. de Comunicación del ITESM, presenta todos los jueves el ciclo de cine "El ojo de Buñuel".
http://www.mty.itesm.mx/dcic/centros/cinema16/

José Quintanilla

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